Los romanos protegían sus ciudades con poderosas defensas, símbolos de su poder y prestigio. La primera muralla de Roma Muri Serviani, se atribuye al rey etrusco Servio Tulio, pero en realidad, como el resto de sus fortificaciones, tuvo su origen en los campamentos militares, castra y oppida.
Las murallas se construían con materiales sólidos, piedra de sillería y opus caementicium y contaban con puertas y torreones cuya anchura permitía el paso de carruajes y máquinas de guerra.
El largo período de pax romana hizo innecesarias las fortificaciones. La ciudad pasó a ser un núcleo abierto sin límites entre el área urbana y suburbana.
A partir del s. II d. C. las invasiones bárbaras obligaron a reforzar o construir nuevas murallas.
Las murallas se construían con materiales sólidos, piedra de sillería y opus caementicium y contaban con puertas y torreones cuya anchura permitía el paso de carruajes y máquinas de guerra.
El largo período de pax romana hizo innecesarias las fortificaciones. La ciudad pasó a ser un núcleo abierto sin límites entre el área urbana y suburbana.
A partir del s. II d. C. las invasiones bárbaras obligaron a reforzar o construir nuevas murallas.
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